El cuidado del cuerpo a través de la hidroterapia tiene su primera época dorada en la antigüedad griega y romana; así lo indican tanto la documentación escrita como los abundantes vestigios que esas culturas han dejado en diferentes lugares de la cuenca mediterránea.
En Roma, el uso público del agua tuvo una dimensión eminentemente social -además de higiénica- que progresivamente fue adquiriendo otros significados: curación, ocio, juego, descanso, recuperación y mantenimiento de la salud. La importancia de los baños públicos en la cultura romana fue incuestionable.
En los establecimientos de baños, la higiene y la limpieza primaban en la escala de finalidades. También desarrollaban una función social: eran centros de socialización fundamentalmente ya que era uno de los lugares en donde se centraba la vida de la comunidad (Espinosa Ruiz, U y López Domech, R (1997). En ellos la gente podía encontrar un ambiente propicio para la convivencia, las relaciones e incluso la cultura.
El edificio de baños servía además para "ocupar el tiempo libre en la ciudad", el tiempo del placer. Paul Veyne (1987) llega a señalar que "... el baño no era una práctica dehigiene sino un placer complejo...". Esto propició la aparición de diferentes tipos de "termas" y entre ellas: las "termas terapéuticas" o balnearios de aguas termales, que además poseían un fuerte significado simbólico-sagrado. Las aguas calientes poseían propiedades curativas y connotaciones mágicas por lo que en ciertos lugares se creía que en ellas moraba la divinidad y así se prescindía de construcciones complejas de las termas higiénicas para no modificar su carácter simbólico. En otros lugares, por el contrario se las dotaba de construcciones que trataban de imitar modelos arquitectónicos de edificios sagrados.
Algo muy significativo eran los "complejos termales" como el de Baias, también llamados "villas termales" o "villas del agua". Su función principal era el tratamiento de las dolencias físicas a base de aguas termales y mineromedicinales, lo cual se complementaba con diferentes actividades de tiempo libre. A ellos se desplazaba la nobleza romana. Eran espacios complejos, consistentes en varias estancias en torno a la zona de baños: jardines, gimnasios, sala de masajes, de descanso, bibliotecas...
A partir del S.XII comenzó un período de decadencia en el uso de las aguas termales, aunque su función curativa no pasó desapercibida en ningún momento. Tampoco lo hizo su función lúdica; el Poggio" (secretario apostólico de Juan XXIII) escribió sobre la ciudad de Baden (en Centroeuropa), describiendo el espacio destinado a baños de esta forma: "…Estoy convencido de que estos parajes han visto nacer al primer hombre… porque se trata efectivamente del jardín de las delicias. Y si el placer puede hacer hermosa la vida, no veo que aquí falte nada para alcanzar la perfección de un placer consumado en todos sus aspectos".
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