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MAR DE LAS PAMPAS

A tres km de Villa Gesell, el bosque y el mar se enlazan en una única mirada. Creado en 1957 como una reserva natural de pinares, playas e interminables dunas, mar de las Pampas es un refugio de intimidad para todos los que quieren escapar del ruido y la rutina urbana.

De pronto, tomamos un desvío de la ruta interbalnearia y el camino de tierra despliega desniveles de ripio y barro, mientras las primeras formaciones de árboles envuelven el cielo en un largo entretejido de ramas y hojas. El cambio de clima es tan abrupto que es imposible no darse cuenta que llegamos a Mar de las Pampas, un inconcebible
bosque patagónico en plena costa Argentina, y acaso una de sus ultimas reservas naturales.

Las primeras casas, al costado del camino, parecen confirmar las percepciones. Son cabañas sureñas, de madera ciprés y techo a dos aguas, que asoman tímidamente detrás del cortinado de pinos, casi ocultas para miradas indiscretas. En el aire flotan
olores a diferentes verdes y, de fondo, apenas se oye el murmullo del mar, contorneándose. Parece increíble que esta porción de bosque, que se nos ofrece salvaje y rustica, este ubicada a trescientos metros de la costa marítima.

Cuando nos comentaron que pasaríamos nuestra visita en las cabañas Mapuche, todos los lugareños coincidieron en señalar nuestra suerte, ya que era uno de los mejores alojamientos en Mar de las Pampas.

Una vez dentro, confirmamos los buenos augurios. El hogar a leña iluminaba la casona, totalmente edificada y equipada en madera, desde las vigas del techo hasta las camas y la mesa del comedor.

Afuera, la noche invernal se crispaba entre vientos y lloviznas, y en ese momento comprendimos el cálido significado de la palabra "refugio".

Como cada vez que los lugares ejercen su hechizo sobre las personas, los habitantes de este rincón tienen una historia, un porque del misticismo que rodea al paisaje. Rubén, el dueño de Mapuche, asegura que quedo impactado cuando descubrió Mar de las Pampas hace tres años.

El silencio, pero en especial la tenue melancolía y el romanticismo del bosque, lograron que abandonara su trabajo y su vida en Buenos Aires para construir la misma cabaña en la que conversamos.

"Acá no hay horarios, es otra vida y te apacigua", revela entre sonrisas.

La historia de Mar de las Pampas comienza en 1957. Por entonces, el lugar se encontraba desolado y cubierto por cordones de médanos, lo que daba un aspecto de paisaje lunar. Era apenas un terreno fiscal que no figuraba en los planos de aquellos tiempos, pero la visión de un grupo de pioneros cambiaria por siempre la vista.

Con técnicas de forestación, extendieron la vegetación hacia la costa, cubriéndola con dunas para repararla del viento marítimo.

Durante años, el desarrollo de la naturaleza fue cuidado al extremo, y en los ochenta comenzó la urbanización, con calles de arena y curvas arboladas en las que es muy fácil perderse.

Desde entonces, mas de cincuenta familias eligieron escapar del ruido de las grandes ciudades y mudarse de manera permanente a las cabañas del bosque, entre un santuario de pájaros y un fondo de mar. la mayoría se especializa en hotelera y gastronomía, reconocida como la mejor de la zona por su variedad de platos y por la calidez se sus dueños. Tal es el caso de Las Calas y su menú de cocina internacional,
también el de Viejos Tiempos, una antigua casa de te de incomparable repostería y, en especial, de Anna y Antonio, un matrimonio de calabreses que regentea Amorinda, un lugar caracterizado por sus pastas caseras, calzonetas napolitanas y animación constante.

Con su forestación abierta, la mas cercana al agua en todo el Atlántico, sus extensas y vírgenes playas y su misterio y encanto, que lo vuelven casi inexplicable, cada visitante de Mar de las Pampas termina por sentir que ha encontrado su lugar en el mundo, que es el mejor sinónimo de haberse encontrado uno mismo.

Mariano Buren y Grisel Ojeda Farana (First 167)

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