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Frankfurt - Guía de ciudades


Ser arqueólogo tiene compensaciones invalorables. Desde la emoción que representa el hallazgo imprevisto, al estudio de los materiales cuyas relaciones con la sociedad a la que pertenecieron intentamos comprender. Todo es fascinante, menos el sueldo, claro. Pero, ¿a quién le importa si uno hace lo que quiere?

Cada año, después de 45 días de trabajo bajo el sol del desierto egipcio, en el viaje de regreso, disfruto de un día de estadía en Frankfurt. ¿Por qué me encanta? Creo que, primero que nada, porque hace frío. Después de tanto calor, parece increíble ver árboles en otoño.

El aeropuerto es moderno, bien organizado, todo está correctísimamente señalizado.... no obstante, perderse no es difícil. Realmente es muy grande, hay varios locales de la misma firma, así como varios free-shop, lo cual favorece la confusión. Hay cintas transportadoras, escaleras mecánicas y un trencito (el Sky line) que transporta a los pasajeros entre el ala doméstica y la internacional. ¡Bárbaro! Todo listo para el enredo. Confieso que, al principio, intimida, pero, si se tomar recaudos, todo funciona con precisión alemana.

Lo primero es dejar el equipaje de mano. Normalmente pesa más que el que va a la bodega. Hay dos opciones, lockers y consigna tradicional. La única precaución, sobre todo para los lockers, es fijarse dónde están ubicados. Lo más seguro es fijarse en los números de las puertas de embarque ya que esos números no se repiten y, ya que está, dejarlo en uno que no quede en la otra punta de donde, más cansado, tendrá que embarcar a la vuelta.

Lo segundo, tomar el tren a Frankfurt (más o menos 15 minutos de viaje). Nuevamente hay que tener cuidado ya que hay tres tipos de trenes. Uno de alta velocidad que conecta el aeropuerto con distintas ciudades alemanas, otro que recorre el aeropuerto, y el local que se toma en la estación que está debajo de la Terminal 1. Tomar el primero podría ser dramático, tomar el segundo, patético.

Una vez instalado en el tercero, disfrútelo. Cruza por un bosquecito de cuento, con árboles dorados... un sueño! Ahhh!!! Hay que bajarse en Hauptbanhof (es la estación principal).

Frankfurt: Centro Histórico
Circuito 1


Para ponerse en tema es bueno saber que esta ciudad fue fundada en el siglo I DC por celtas y germanos. Fue un importantísimo puerto interior y centro comercial. Hoy es uno de los centros financieros más importantes de Europa. Carlos el Grande vivió en Frankfurt y Goethe nació y vivió allí.

¿Qué se puede hacer en un día en Frankfurt? Lo primero es salir de la estación. Muy cerca (dos o tres cuadras) está el río Main. Una buena idea es seguir por la costanera, que por un lado sirve de guía y, por el otro tiene una vista lindísima.

De este lado (el de la estación) está el barrio antiguo. ¿Una recomendación para las que tienen buenas piernas? Subir a la torre de la catedral. Es cansador y, además, la subida en espiral, marea... pero la vista es preciosa. También están los museos, galerías de arte y las calles comerciales.

El centro bancario merece un comentario.
Los rascacielos son modernísimos, nuevísimos y lujosísimos, símbolo de la prosperidad económica de la ciudad, algo a lo que estamos desacostumbrados: empresas que crecen e invierten. Siempre sobre la misma ribera, a la altura del centro antiguo, está el embarcadero para las excursiones fluviales. Para eso, un día no alcanza.

Cruzando el río a la altura del centro está Sachsenhausen. Es el barrio más visitado. Bodegas y cervecerías en callecitas de cuento.
Si viajan en diciembre, está la feria de Navidad. Pasear entre los quioscos, comprar una salchicha, sentir el olor del vino caliente, escuchar los villancicos, ver los carruseles iluminados y las familias consumiendo.

Realmente se vive el clima de las Fiestas y uno siente profunda nostalgia por la prosperidad perdida.

Si todavía queda tiempo, puede visitarse la casa en la que vivió Goethe (estación Hauptwache).
También es muy cerca y, por supuesto, espectáculos de todo tipo: music hall, cine, teatro, ballet.

Volver al aeropuerto no es difícil. La Hauptbanhof es muy grande y hay trenes para todos lados, con el agravante de que, no necesariamente, todos los trenes que pasan por el mismo andén van para el mismo lado. Es más, generalmente no.

Hay que fijarse en los carteles luminosos del andén que indican cuándo un tren va al aeropuerto (Flughafen), en ese caso tiene el dibujito de un avión.
No tan difícil después de todo.

Autor: Adriana Chauvin
Referencia: http://www.mujeresdeempresa.com

 
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